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LAS MURALLAS DE JERICÓ
De cuando en cuando Igor y yo nos reunimos para realizar esa maqueta un tanto "monstrua" que por libre no nos atrevemos a hacer, sea por falta de medios sea por falta de presupuesto. En este caso la unión si que hizo la fuerza. Le cedo la palabra a Igor. Este diorama está dentro de nuestra más arraigada tradición, esto es, la de aprovechar todas aquellas maquetas dadas en un principio de baja para el servicio activo. Todos tenemos algún que otro amigo que en un acto de buena voluntad nos regala aquella maqueta que hizo con mucho cariño hace algunos años y que dejó abandonada en una estantería y que con el tiempo sufrió los implacables ataques de mamás, hermanitos, sobrinos y señoras de la limpieza. Como lo de tirar maquetas a la basura - aunque hayan perdido piezas y parezcan cualquier cosa menos un carro - no va con nosotros, tuvimos que inventarnos algo. Y este es el resultado.
LOS CARROS Como se puede apreciar se trata de la ya veterana maqueta del Merkava de Tamiya aparecida a principios de los años 80. Por los medios antes narrados conseguimos reunir dos ejemplares en diferentes estados de abandono. Recuperarlos y darles un aspecto digno fue la primera tarea. Para empezar tuvimos que quitar las diferentes capas de pintura vieja. El método tradicional consistía en sumergir en carro en una disolución de sosa cáustica, pero nosotros optamos por una solución más casera. El producto mágico es pura y simplemente un buen limpia hornos a ser posible Forza Hornos que hay que aplicar a conciencia por todo el modelo. Tras unos minutos de espera para que la espuma actúe, la pintura se ablanda y la retiramos con ayuda de un cepillo de dientes viejo. Para terminar ponemos la maqueta debajo de un grifo de agua caliente y con el cepillo quitamos lo que pueda faltar. El método no es infalible, ya que no siempre sale toda la pintura; siempre queda algún resto, sobre todo en colores como el verde o el gris oscuro, pero se puede eliminar la pintura vieja casi en un 90%. El siguiente paso es tapar los defectos y reconstruir piezas perdidas: asas, barras de la cesta, soportes y cañones de las ametralladoras se hicieron con láminas y varillas de plástico de diferentes grosores. Algunas piezas de la caja de sobras hicieron el resto. Para que los carros no fueran iguales y basándonos en el libro de Concord Publications Merkava:Israel's Chariot of Fire, añadimos un soporte para ametralladora de 12.7 mm sobre el cañón de uno de ellos. En bajos y faldones aplicamos una generosa capa de barniz y mientras está todavía húmedo le espolvoreamos arena muy fina para imitar barro y tierra. Finalizada la tarea de reconstrucción pintamos los carros con Humbrol 187 aplicado con aerógrafo. Unos suaves toques de cuero 62 rompen la monotonía del color arena. Capa de barniz protector y suaves aguadas de óleo Titán sombra natural y siena tostada. Unos toques de pincel seco con el color base ligeramente aclarado aquí y allá finalizan el trabajo.
VESTIR EL CARRO El verdadero trabajo sobre la maqueta empieza ahora; las formas rectas y planas del carro invitan a colocar sobre el mismo todo tipo de equipo y accesorios. Es el momento de rebuscar a fondo en la caja de sobras. A modo de ejemplo citamos algunas referencias de las que nos hemos abastecido:
Por supuesto que estas referencias no se usaron en su totalidad ni hay que adquirirlas todas ex profeso, usándose sólo algunas piezas, empleándose las restantes en trabajos posteriores. Cajas de cartón y planos de Verlinden cubren los huecos que aun pudieran quedar. Con lámina de estaño podemos mejorar algunos de los accesorios: correas para mochilas, armas y prismáticos. Los paneles naranjas para identificación aérea se hicieron con este mismo material. LAS FIGURAS Si hasta ahora el trabajo nos había resultado un tanto mecánico, llegados a este punto comenzamos la fase más creativa, ya que ninguna de las figuras está sacada de una referencia concreta. Todas se hicieron mezclando piezas de diferentes marcas. La base principal son los torsos y equipos individuales de la ya citada Israeli Paratroopers de Dragon, mejoradas con el juego de cabezas de Verlinden Israeli Heads. Con bodi-putty y masilla de dos componentes se taparon huecos y se elaboraron detalles como pañuelos, bolsillos y algunas partes del equipo. El volumen de Osprey dedicado a las Fuerzas de Defensa Israelies, con las excelentes láminas del admirado Ron Volstad, constituyó una ayuda inapreciable. Basándonos en el mismo añadimos con papel metálico distintivos de graduación y chapas de identificación. Con acrílicos de Vallejo, Adhites y Americana les dimos color siguiendo las técnicas habituales.
EL ESCENARIO La idea para el escenario, hay que reconocerlo, no es del todo original. El diorama de Verlinden Streets of Beirut nos aportó una base sobre la que ir trabajando. Como el original resultaba ciertamente costoso decidimos reproducirlo de una manera aproximada pero con medios mucho más económicos. Dado que la silueta del Merkava es ancha y aplastada, decidimos construir unos edificios bastante altos para evitar el efecto visual de aplastamiento y lograr así unas líneas verticales mucho más definidas. El material estrella para esta fase fue la tiza (¡ocho paquetes nada menos!). Como si de un juego de construcción se tratara - y tras una concienzuda planificación en la mesa de dibujo - levantamos los edificios cortando y pegando las barras con cola blanca, tallando con un punzón los diferentes relieves e impactos de los proyectiles. El muro del frontal se hizo con el mismo material. A todo esto tuvimos que añadir multitud de pequeños detalle: los hierros del encofrado y el cableado eléctrico lo hicimos con alambre de diferentes grosores y los omnipresentes sacos terreros los modelamos con Das Pronto. A todo esto le añadimos carteles de Verlinden, escombros hechos con tiza, madera y piedrecitas y vainas de cartuchería confeccionadas con varita de plástico pintada en dorado y cortada al tamaño adecuado. Pintar todo el conjunto resultó más complejo de lo que parece. Inicialmente dimos a los edificios una base de gris oscuro con aerógrafo y posteriomente lo fuimos aclarando con diferentes manos de arena, ocre y blanco mezclando aguadas y pincel seco, obteniendo finalmente un tono degradado e indefinido. Con óleos diluidos obtuvimos los tonos quemados y oxidados de algunas partes del muro. El resto de la calle resultó mucho más sencillo. El suelo es de masilla aparejo Titán sobre la que espolvoreamos arena fina; el muro delantero también es de tiza. El resto del terreno es de pasta de madera texturada con arena y piedras; flores secas usadas en decoración y césped de Faller aquí y allá rematan el trabajo. |
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Texto y fotografía © Fernando Herráiz e Igor Moreno |
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