KV-IB

Tamiya 1:35

por Michel Pérez Blasco

Si nos atenemos a las costumbres de unos y otros, el Sherman debió pasar a la historia como GS y el KV como Kliment Voroshilov, pero curiosamente sucedió al revés. El carro ruso heredó las iniciales del nombre del Mariscal, héroe de la revolución, mientras que el carro yanqui, se quedó con el nombre completo.

El KV fue el resultado de la evolución lógica que sufrieron los carros pesados soviéticos. Primero fueron los T-28 y T-35, luego vinieron el SMK y el T-100 y finalmente aparecieron los KV, ya más "normalitos" que sus antecesores, verdaderos acorazados terrestres. Asimismo, la evolución de los KV, desembocó en la aparición de los JS.

Hubo varias versiones de este carro, a cual de ellas más bonita (quizá el KV-II), yo he realizado la versión I-B caracterizada principalmente por las grandes planchas atornilladas a la torre. Fue llamado también KV-I ekranmi, que traducido al cristiano significa "con pantalla".

¿POR QUÉ ESTE CARRO?

Todos tenemos, como dicen las nenas, un fondo de armario. Los hay que no pueden ni contar las maquetas que tienen, pero otros en cambio las podemos contar con los dedos de nuestras manos.

Esta es una de esas maquetas que te entran por los ojos por culpa de la ilustración de la caja. En su día, la vi, la pagué y la guardé a dormir "el sueño de los justos".

Terminado el Hummel, tras ocho meses de sufrimiento-disfrute, me encontré con que faltaba poco más de un mes para Torrent 99 y me apetecía terminar alguna pieza más. Para un "lento" de las maquetas como yo (cada pieza me cuesta 3 o 4 meses) esto era todo un reto. Tenía que decidirme por un carro que no tuviese demasiado trabajo y que al mismo tiempo no quedase pobre. Y allí estaba diciendo: montamé, montamé.

¡Que obscenidad! La carrofilia me corroe. Por suerte, además del kit de Tamiya, también contaba con el fotograbado de The Show modelling y las cadenas articulables de Model Kasten. Resuelta la elección y el montaje, solo quedaba por decidir la pintura, y me pasó como a un amigo mío: o lo pintaba en verde, o lo pintaba en verde, solo que yo me decanté por la segunda opción. La pintura infernal, digo invernal, quedaba desechada, puesto que me la reservo desde hace tiempo para hacer un experimento con el hermanito mayor, el KV-II, y además no hacía mucho había pintado así un Pz III J.

Por otro lado, tenía la espinita clavada del BT-5, un carro que monté con mucha ilusión, pero que pinté con el cu……..Puesto que no había tenido los bemoles suficientes para pintar el Hummel en un solo color, había llegado el momento de coger al toro por los cuernos.

UN PLASTICO DURO DE ROER

Hay que reconocer que Tamiya, en aquellos maravillosos años, cuando sacó este molde al mercado, intentaba reflejar bien la dureza del acero. Pardiez, a fe mía que lo consiguió. ¡Qué plástico más duro!.

Los años no perdonan y por tanto la maqueta es flojita, sobre todo, si la comparamos con las que hay en la calle hoy por hoy. Pero en líneas generales no presenta fallos garrafales (a mi entender). Aunque he de reconocer que yo no soy de los que las miden para ver cuantos milímetros le faltan o le sobran.

Es una maqueta sencilla, austera por no decir espartana (que luego llegan los listos y me recuerdan que los espartanos no usaban carros de combate), ruedas, casco, superestructura y torre. El casco es de aquellos que preparaban para ponerles un motorcito y pilas. ¡Atrás Satanás!. Tiene el inconveniente de las suspensiones fijas, pero como no era para diorama se lo perdoné. La parte de arriba viene en una sola pieza y la torre en un sencillo despiece. Eso sí, las cadenas de vinilo son escatológicas, para ser fino, últimamente hay que usar el lenguaje con cuidadín.

LO QUE FALTABA

El montaje, mi menda, siempre lo empieza por abajo, barro con putty de Tamiya, texturado con pincel malo, gordo y con la cerda dura, con perdón. Luego vinieron las ruedas, nada especial, solo que la banda de rodadura, al ser metálica, se supone que sufre mucho en su rozamiento (huy como estoy hoy) con las cadenas, así que intenté recrear esos minisurcos que se hacen en el acero, a base de lijarlas con una lija de grano muy grueso. Las ruedas, sobre todo tractoras y tensoras, las coloco pero no las pego, cuando puedo, para manejarme mejor con las cadenas. Los guardabarros están rebajados al límite en sus extremos para simular la delgadez que tenían en la realidad pero que Santa Tamiya Pecadora pasó por alto. Igual tratamiento lleva el reborde en ángulo que hay a lo largo de los mencionados guardabarros. Llegado a este punto, empecé a pintar. Ya sé que soy una "rara avis" que le vamos a hacer. Siempre me ha parecido que se podía pintar mucho mejor todos los rincones y por tanto guarrear también, cuando todavía no se han puesto las cadenas ni se ha pegado la parte de arriba Y llegó el momento de las cadenas. Como ya he dicho, son las articulables de Model Kasten, referencia SK-7 si no me falla el perol. Una vez montadas son una delicia, pero eso, una vez montadas. Resulta que el animalíco, tenía 98 eslabones por cada cadena, como hay que poner el pasador por el lado interno y por el externo, pues eso, un coñazo. Dejo la adivinanza de cuantos pasadores puse para los que no son "de letras". Para colmo TIENEN MARCAS DE EXPULSORES, suaves, dulces, no muy prominentes, pero haberlas haylas, como las meigas. Lo de su pintura me lo dejo para luego.

Terminada la parte de abajo, pegué la de arriba, pero antes ya había hecho el trabajo más heavy sobre ella:

Los soportes de los guardabarros, son unas escuadras soldadas al casco (aunque algunos KV las llevaban atornilladas) por su parte más corta. En la maqueta vienen macizas, como me gustan a mí, y un poco gruesas. Es aquí cuando comienza The show Modelling. Esta marca tiene un fotograbado para los KV, cuyo principal atractivo son el juego de tuercas de Grandt Line que incluye, además de una pequeña porción de tela metálica para hacer las rejillas del motor, y por supuesto las mencionadas escuadras. El trabajo pesado consistió en eliminar las escuadras de plástico sin dañar los guardabarros ni el casco. Al hacerlo, me llevé por delante, era inevitable, las setenta y pico tuercas que sujetan las escuadras al guardabarros, así que luego tuve que volverlas a poner. Toda una delicia. Las rejillas del motor también tuve que quitarlas y volver a comprobar la dureza del plástico tamiyero, y el grosor, más de dos milímetros en este punto. Sobre la tapa del motor, está grabada una especie de cadena que eliminé con el minitaladro, mucha paciencia, un poco de cuidado y una de esas fresas tan chulas que me regala (aunque me las cobra por otro lado) mi queridísima dentista. Las toberas de los escapes, como no podía ser de otro modo, vienen macizas ¿ya he dicho que me gusta así? Tuve por tanto que ahuecarlas. En el vértice superior del glacis, hay una pieza en forma de ángulo, que hay que alargar hasta que casi coincide con la anchura del carro, aquí me echó una mano Evergreen. Esta misma pieza, llevaba unas marcas como si fueran tornillos tapados luego con soldadura, que imité marcando con la punta metálica de un portaminas viejo, ejercicio que ya había practicado para hacer los tornillos de la torre del PzIII M/N viejo de Tamiya. Para terminar rehice con cable eléctrico, funda y filamentos, el nunca mejor dicho cableado eléctrico del faro y la bocina.

En la torre, ninguna pega, solo que le puse por dentro de los protectores de los periscopios, unas laminitas de plástico transparente sacado de las fundas de mis maquinillas de afeitar. Eso sí, las ametralladoras tienen la boca del cañón convenientemente ahuecadas, es un pequeño detalle que siempre me ha gustado hacer.

PINTANDO, QUE ES GERUNDIO!

El atractivo de la pintura de este carro, para mí, era conseguir que una pintura monocromática no resultase monótona, aburrida y sin matices. Por otro lado las formas del KV, planas horizontales, planas verticales, muchos ángulos rectos y alguna que otra superficie curva, representaban un aliciente para no tratar la pintura igual por todos lados. La intención era representar un carro con cierta vida recorrida, pero no especialmente deteriorado, aunque con signos evidentes de haber estado más en uso que en el museo de turno. Así que con estas vagas ideas me puse "a la faena".

Nunca he sido partidario de los colores "exactos". Todos sabemos que una distinta disolución de la pintura, estar más o menos expuesto al sol o cualquier otra inclemencia meteorológica, etc., supone que dos carros pintados con la misma pintura, no tengan el mismo tono. Esta es mi explicación "lógica" de que haya usado como color base el Deep Green en lugar del correspondiente Black Green, ambas de Tamiya. Experiencias anteriores me decían que debía partir de un color más claro, si no quería que me volviese a quedar un carro demasiado oscuro, además el Deep Green tiene una tonalidad que me gusta mucho, que narices.

Pues eso, que le di la capa base con susodicho verde y luego le di dos subidas de luz mezclando un poco del manido XF-60. Solo dos subidas, yo no soy capaz de encontrar sitio para más subidas o soy daltónico perdido y no distingo los cambios de color. Procuré en esta fase, ser lo más irregular que pude, en el sentido de no subir la luz siempre en los mismos sitios, por ejemplo cada rectángulo de guardabarros puede tener más luz en un sitio diferente, en una de las esquinas, haciendo una especie de mancha paralela al borde…...

A continuación cometí el error de sombrear con tintas. Y digo error porque en vez de diluir con alcohol como he hecho siempre, usé agua, diluyente natural de las tintas, el problema vino con el siguiente paso, barnicé en brillo para poner las calcas, otra vez experimenté y usé como diluyente del Barniz de Micro, el agua, en lugar del alcohol, y lo que ocurrió es que las tintas se me corrieron y diluyeron. Todos los días se aprende algo. Puestas las calcas llegó el momento del guarreo. Mentira cochina. Llegó el momento de los desconchones. Hacerlos en este momento es algo que experimenté en el Hummel. Esto permite que cuando se termina el proceso de lavados y demás, los desconchones queden mucho más integrados en la pintura y no "salten" a los ojos. Pero siempre podemos hacer alguno al final para simular un efecto más reciente. Los desconchones están hechos con el color sombra natural de Vallejo y luego retocados algunos de ellos, o alguna de sus partes (con perdón) con otros tonos marrones, anaranjados u ocres. Para hacerlos sigo un pequeño truqui que aprendí leyendo un artículo de figuras de José Gallardo, desde aquí gracias. Según entendí yo, consiste en diluir mucho la pintura, cargar el pincel y a continuación "enseñárselo" a un papel bastante absorbente, yo uso ese de cocina. Con esto el pincel pierde mucha de su carga, pero la que queda es muy diluida, con lo cual cuando la depositamos no se corre (sigo haciendo penitencia) y por tanto podemos hacer los trazos muy finos. El inconveniente y la ventaja son que hay que carga muchas veces el pincel y por tanto la pintura no siempre está igual de diluida, lo que provoca que cada pincelada no tenga la misma intensidad de color.

Ahora sí viene la fase del guarreo. Este proceso consistió básicamente en dar, no sé si llamarlo lavados, filtros o puturrú de fuá. Explico: se toma disolvente de Humbrol para esmaltes con un pincel que empape bastante y se moja uno de los ya famosos rectángulos del guardabarros, a continuación tomamos una pizca de óleo blanco (previamente depositado en un papel de periódico para que pierda el aceite) muy diluido y lo depositas sobre la zona a tratar y juegas con él, dejando más color allí donde te apetezca, procurando que cada panel quede diferente. Yo insistí hacia los bordes para empezar a marcar el polvo que se deposita en las esquinas y hendiduras. Como este disolvente evapora bastante rápido, pronto vemos los resultados y podemos intensificar o rectificar volviendo a mojar la zona tratada y retirando color con un pincel plano y limpio. Este tratamiento es para las zonas planas horizontales, en las verticales es igual solo que el color se arrastra en trazos verticales de vez en cuando para simular chorretones. Al día siguiente se vió mejor el resultado, parecía que le hubieran echado un vaso de leche por encima. Pero no me asusté. Con un pincel plano del 3 con las cerdas bastante cortas y duras, "rasqué" por donde me pareció que sobraba color. El óleo tratado así, cuando seca es como un polvillo, solo que adherido a la superficie, pero fácilmente retirable si no ha secado del todo. A continuación repetí el proceso con un tono terroso semejante al color cuero pero menos anaranjado, procurando no tapar siempre todo lo anterior. Y al tercer día resucitó, digooo repetí el proceso con un tono algo más oscuro y siendo más parco y selectivo. Lo ultimo que hice fue hacer pequeñas líneas con el sombra natural de Vallejo, en los mismísimos bordes de las aristas, tornillos y demás salientes. No en todas, ni a lo largo de todas ellas. Mejor Calvo que siete pelucas. En algunos de estos puntos froté un poquito de color acero de la misma marca de acrílicos, hay quien le gusta hacerlo con polvo (ahora toca un padre nuestro) de grafito, pero a mi no me sale. Y aquí una manita suave de barniz mate de micro.

Pastelarum, pastelari, pastelitum. En contra de lo que muchos creen, este carro lleva muy poca pintura al pastel, solo usé un tono beige, para resaltar y simular el polvo de algunas esquinas y superficies horizontales, sobre todo en el techo de la torre y con más intensidad en los guardabarros.

Las cadenas son punto y aparte. Normalmente cuando uno toma la primera comunión, lo hace con un bonito traje y unos relucientes zapatos. ¿Alguien la tomó en sandalias? Pues eso, que no hay que descuidar el calzado, no sea que no te den la hostia. Primero una base de color gris al gusto del consumidor, preferentemente acrílico ya que luego vienen los óleos. En segundo lugar y a pincel seco, si, he dicho a pincel seco ¿pasa?, le damos luces a las partes expuestas al roce, con el color acero de Vallejo. Luego se da un lavadito con un color beige que aclarará el tono gris y empieza a simular la tierrecilla más seca adherida a los rincones más profundos. Después se vuelven a humedecer (esto me encanta) las cadenas con el ya famoso disolvente de Humbrol y empezamos a dar pequeños brochazos con 3 o 4 tonos diferentes de marrón, de modo que se van fundiendo unos sí y otros no. Ojo, otra vez hay que usar el óleo bastante disuelto, yo lo que hago es mojar un poco el pincel en disolvente y luego restriego contra el pegotito de óleo que había puesto en el papel de periódico. Por supuesto cada una de estas fases tiene su periodo correspondiente de secado. El penúltimo toque lo dan los pasteles claros frotados contra las cadenas y termino volviendo a marcar las zonas de roce con el acero de Vallejo, pero con menos intensidad, ya que aunque se había perdido en parte aún se nota. En esta última pasada procuro ser también más selectivo. Como veis, nada de colores oxido en las cadenas, tengo los ojos gastados de mirar las cadenas de las excavadoras y solo se oxidan después de estar paradas por lo menos una semana.

Despedida, himno nacional y carta de ajuste.

Ya sé que esto no es la entrega de los Oscar, pero quiero aprovechar la ocasión para dedicarle este tostón y el premio que le dieron a la maqueta, en primer lugar a mis dos nanos: Raquel y Miquel, por el mucho tiempo que les robo para hacer estas chorradas. En segundo lugar a mi crítico más feroz, panzernetera de pro (aunque alguno piensa que es mi abuela) y que no es otra que la señora de One, Judith. Y luego están todos y cada uno de esos amigotes de Panzernet, a los cuales he robado trucos, sugerencias, criticas, consejos, información. y que seguramente se tragarán este ladrillo de artículo inocentemente.

Espero que os guste, pero principalmente que os sirva de algo.

 

Texto y fotografía © Michel Pérez
Junio de 1999

 
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