LA AUTENTICA BAÑERA FLOTANTE

por Igor Moreno

Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien con una maqueta, y es que con esta se entremezclaron la sana curiosidad miniaturística, por lo rarito del vehículo, con los motivos sentimentales, ya que fui triste testigo presencial del desguace de la última LVT 4 que, como una ballena jurásica varada en una playa, quedaba en los inventarios de la Infantería de Marina española. Pues si, y aunque sea poco conocido, España tuvo este blindado anfibio de desembarco a su servicio en el, por entonces Grupo Anfibio Especial, -posteriormente Tercio de la Armada- durante muchos años.

Como es bien sabido las LVT (Landing Vehicle Tracked o vehículo de desembarco sobre orugas) fueron fruto de la iniciativa privada ante las funestas consecuencias de varios huracanes en la zona de Florida como vehículo capaz de moverse donde una embarcación embarrancaba y un coche se inundaba. Si bien la Navy no mostró un interés inicial muy elevado, el Cuerpo de Marines si que se volcó con él y apoyó su desarrollo desde el principio. Las cadenas envolventes –que con su característico diseño movían al vehículo en el agua- y su tren de rodaje de pequeñas ruedas le daban un alto perfil y una silueta masiva característica muy vulnerable en tierra pero de muy bajo perfil en el agua. Sin embargo el diseño de FMC (Food Machinery Corporation) conseguía superar las barreras de coral ante las que las tradicionales embarcaciones de desembarco Higgins embarrancaban sin remedio. Su éxito como vehículo de transporte logístico en Guadalcanal en 1942 –con la LVT 1- llevó al desarrollo de una versión mejor blindada y capaz de devolver el fuego con sus ametralladoras de 12,7 mm –la LVT 2- que se estrenó en Betio y Tarawa. En noviembre de 1943 se ultimó el desarrollo del modelo de más éxito, la LVT 4, con una bodega reconfigurada y ampliada, un motor más adelantado y una gran rampa de popa que permitía descargar tanto un pelotón de marines como un vehículo ligero.

Probado en combate en Saipán en junio de 1944, fue el Amtrac más conseguido y producido en mayor número; su vida operativa al servicio tanto de norteamericanos como franceses –sus mayores usuarios en la posguerra-, británicos o españoles se prolongaría durante varias décadas.

La maqueta de Italeri es una auténtica gozada, ya que todas las piezas coinciden a la perfección; no deja de sorprender lo grande que resulta una vez montada en su totalidad. Las instrucciones son claras y sencillas y si hay algún pero que poner es que no me gustó nada que cada cadena viniera dividida en dos tramos, ya que cuantas más uniones hay más se notan. También se aprecia el salto de calidad de la marca italiana en el precio del producto, sensiblemente más alto que otras referencias más clásicas. Los más puristas dirán que el resultado final se puede mejorar mucho con los carísimos y completísimos latones fotograbados al baño maría de uranio empobrecido de tal o cual marca, pero el acabado en plástico es más que digno si no andamos muy sobrados de pasta.

Para conseguir una LVT 4 española no hay que complicarse mucho la vida, ya que básicamente es el modelo de la maqueta. Gracias a la documentación aportada por el Cabo 1º de Infantería de Marina Jiménez Girón supe que los vehículos no llevaban radio –basta con no incluir la base de antena y tapar el hueco- y que los soportes para ametralladora Browning de 7,62 eran superfluos ya que no se contaba con dichas armas en los inventarios del Cuerpo; en algunos casos se montaron en estos soportes las eternas ametralladoras Alfa. El hueco de la ametralladora Browning de proa también había, por tanto, que taparlo. Ninguno de los vehículos portaba escudo para las ametralladoras Browning de 12,7 mm. Acertar con el color apropiado de los vehículos de Infantería de Marina no es complicado... si contamos con un bote de pintura original gris verdoso para vehículos. Como se trata de una pintura industrial para pintar chapa hay que diluirla bien en aguarrás para que el color seque bien y agarre sobre el plástico; al tratarse de una pintura de calidad el acabado es muy uniforme y liso, casi como si de un Humbrol cualquiera se tratara. La segunda mano la rebajé con un poco de arena 93, también de Humbrol, consiguiendo un suave efecto de desgaste de la pintura por el sol. Fina capa de barniz brillante sobre las zonas en las que iba a poner las gruesas calcas de Replimodels, algún toque de plata con un poquito de óleo siena aquí y allá –pero sin pasarse- y suave capa de barniz mate una vez que las calcas estaban bien colocadas.

Con todo bien seco resalté algunos recovecos con una mezcla de óleo negro y sombra muy diluida aplicada con un pincel de punta afilada. Suaves toques de pincel seco en arena y verde claro en los ángulos de la proa y de plata casi pura en las partes más salientes de la cadena, contrastando vivamente con el tono oscuro del color neumático de Model Master de base. Un poco de barniz brillante en luces y ópticas da un acabado muy realista.

En definitiva, una maqueta de lo más recomendable.

 

Texto y fotografía © Igor Moreno
Marzo de 2001

 
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