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Después de soñar con este viaje durante mucho tiempo
me planteé el llevarlo a cabo a principios de julio. Aparte
de interesante, resulta sobrecogedor pensar que sobre el terreno
que se pisa, sobre las playas y los pueblos que se visitan se lucho,
hace más de 50 años por cada metro de terreno, por
cada puente y cada calle. En muchos de estos pueblos se conservan
aun edificios en ruinas después de los bombardeos de entonces.
Doblas una esquina, y en una plaza, en lugar de una fuente encuentras
un carro de combate. Es curioso observar que la gente, lejos de
querer olvidar, intenta de algun modo mostrar lo que fue de sus
vidas, sus familias, sus casas y pueblos, de modo que nunca se olvide
lo que fue la última gran guerra mundial.
Al margen de esto os aseguro que a mi mujer, Dolores, lejos de
aburrirle, y eternamente resignada por esta afición, lo que
vio le hizo disfrutar no tanto por lo histórico como por
el bellisimo paisaje y pueblos de aquel litoral de acantilados,
verdes prados y mar bravo que en nada se parece al mediterraneo.
Yo por mi parte os lo recomiendo y dedico, a vosotros en general...
...y a ella en particular.
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